FRANCIA
Luego de conocerse en la milonga Niño Bien, Luis Bruni (argentino) y Pascale Coquigny (francesa) se radicaron en París en 2001. “No fue fácil. Empezamos bien de abajo, sin ningún contacto, pero de a poco las cosas se fueron dando, hasta ser unas de las parejas de mejor reputación en la ciudad”, cuenta Bruni a el tangauta. Él había integrado el cuerpo docente del Grupo Graciela González y trabajó como bailarín clásico en el Teatro Argentino de La Plata ; ella recién se había mudado a Buenos Aires tras enseñar idiomas en Canadá, donde también dio clases de tango para niños.

Ambos se consideran pedagogos natos. La formación que recibieron con Graciela González, “Pupi” Castello, el “Turco” José de Villa Urquiza y el Pibe Palermo les permite contar con una amplia variedad de recursos a transmitir. Encuentran en la enseñanza un desafío : “Dar clases nos obliga a un replanteo y cambio continuos”, explica Luis. “Mantener la atención del grupo es difícil pero lo más importante es no defraudarlos una vez que la conseguiste”, advierte.
Bruni y Coquigny son partidarios de un mayor equilibrio en la pareja, dando a la mujer un rol más activo que el habitual. “Inculcamos la escucha mutua para que la mujer pueda contestar, sugerir e influir en los movimientos del compañero”, detalla él. “Nuestro objetivo final es que los alumnos se sientan libres, con capacidad para jugar y despreocuparse”, resume.
En www.luisbruni.com (sitio de referencia para los interesados) se habla de “tango fusión”. Así lo explica él mismo : “Es un método de trabajo corporal que yo creé para tomar conciencia de nuestro cuerpo y del cuerpo del otro.” En la web también hay un sector dedicado a la murga porteña, que Luis y Pascale usan como complemento pedagógico de sus cursos. Según cuentan, usan el sonido del bombo murguero para desarrollar el sentido del ritmo, trabajar la relación con el piso y conseguir una mayor desinhibición del cuerpo.
Invitado a narrar alguna anécdota graciosa, Luis contó : “Un día empiezo a corregir a un alumno, sugiriéndole que se estire. Para hacerle sentir la sensación de elongación lo tomé de los cabellos y al levantárselos me quedé con un peluquín en la mano... ¡Imagínense !, fue una situación bastante incómoda”.
Luis y Pascale sueñan con un centro de estudios para que los tangueros de todo el mundo se puedan reunir a estudiar y a intercambiar ideas. Confían en lograrlo, “por más loco que suene”.